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NOTICIAS TUNEADAS

Jugarse la vida


05 agosto 2008

Somos parte del peor videojuego de la historia. Hasta el Sumo Hacedor se aburrió de su obra a los seis días. No supo satisfacer la expectativas generadas por la novedosa consola esférica, más abultada en el ecuador que en los polos. ¡Tan cómoda de utilizar!

Millones de avatares de este mundo virtual llevan una vida aburrida y miserable, abandonados a su suerte. Una ínfima minoría es premiada con misiones interesantes, como sacar un misterioso alijo de las selvas sudamericanas o derribar con bombas a miles de avatares enemigos.

Nombro, con premeditada ironía, como "mi usuario", o "mi jugador", a quien me seleccionó como su representante en este juego virtual (virtual sólo para él, por supuesto). Aunque sólo le conozco por sus acciones, quizás le llamo así para intentar desentenderme de que yo sea su avatar y que él ejerza un control absoluto sobre mí.

Debe ser idiota mi usuario. Acostumbra a retenerme dos horas de cada semana como espectador de un partido de fútbol de Segunda División, que puede concluir cero a cero, y nunca me concede más de quince minutos como protagonista de las esporádicas escenas sexuales en las que estoy involucrado.

Mañana tras mañana, este jugador que gobierna mi destino me desprende de mis tibias sábanas para subirme al tren donde intento concluir los sueños rotos por el rugido metálico del despertador. Al final del trayecto, comienza mi pesadilla diaria, cuando me descubro caminando entre una manada de zombis con corbata que se desplaza siguiendo las flechas incrustadas en las paredes brillantes de una sarcófago gigante de infinitos pasillos, que conducen a laberintos de puertas numeradas. Una de estas puertas esconde el ordenador de sólo siete teclas gastadas por la presión monótona de mis dedos.

Para colmo de males, cuando logro burlar la vigilancia del avatar jefe, me transformo en un usuario que elije a otros avatares dentro del ordenador, en un juego que es virtual para mí, pero que debe encerrar todo el morbo de un bucle infinito para el que me conduce.

Al caer la tarde, mi usuario me trae de regreso a casa en el mismo tren, para luego sentarme frente al televisor. Entre las muecas de los personajes dentro de esa caja de cristal, busco sin éxito órdenes codificadas que me expliquen cómo ejecutar la misión de mi vida.

Los fines de semana, aparentemente diferentes al resto de los días, soy conducido a encuentros con avatares amigos, de quienes sospecho que fueron escogidos por mi usuario, porque repiten de forma inconsciente lo que escuchan en la televisión, y retransmiten en sus historias los mismos programas con frecuencia similar a las antenas de acero de las emisoras, como una imitación incesante de la monótona vida que sospecho en mi jugador

Eso sí, a pesar de mis quejas, no piensen que soy diferente a todos ustedes que ahora me leen. Yo también me despierto cada día con la secreta esperanza de pasar al siguiente nivel.


2 opiniones inteligentes:

chafardero dijo...

Si, pero el pasar de nivel depende de la pericia de tu usuario, no de ti

Serio Pérez dijo...

Por supuesto, pensar otra cosa equivaldría a asomarnos a los insondables abismos del ateísmo. Nosotros somo la prueba virtual de que los usuarios existen.

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Based on a work at Minima Black de Douglas Bowman para Blogger.