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NOTICIAS TUNEADAS

Del diario de un escritor de éxito


31 enero 2009

« 7 comentarios»

Cosas de la vida, el pasado fin de semana todos hablaban de la resurrección del relato en el suplemento Babelia de El País, y hoy me entero que un prestigioso certamen literario ha concedido el primer premio a uno de mis cuentos; que no puedo revelar, ya conocen las normas de esta bitácora sobre mi verdadera identidad. Agradezco a mi querido editor y representante que me avisara del concurso: el organizador es una amigo común del club de caza. No crean que resulta fácil ganar uno de estas contiendas. Mis cinco negros y yo estuvimos todo una mañana ideando el relato. La crítica también ha elogiado la obra. Un amiguete del club escribió en un (su) prestigioso diario esta mañana.

"La ingeniosa historia narra el viaje alucinante de un espermatozoide al óvulo. En un derroche de originalidad creativa, el periplo es contado desde cinco puntos de vista diferentes, que se corresponden con las posibles personalidades del espermatozoide cuando obtenga el cromosoma X del óvulo, si llegara a fecundarlo, ..."

Aunque agradezco las amables palabras del literato, debo hacer un pequeño señalamiento a su interpretación de la obra. En realidad se trata de una cucaracha que intenta alcanzar un tomate en descomposición. Según palabras de mi editor, pretendemos homenajear a Kafka y a su célebre Gregorio Samsa. También constituye un guiño a la comunidad literaria, porque estaríamos rindiendo tributo a Kafka, justo cuando se celebra el 200 aniversario de Poe. Digamos que es de una broma pesada, digna del propio autor checo (que es Kafka, aclara mi editor).

Claro, en la vida nunca encontramos la perfección. Junto a la comunicación del premio, llegó la factura de Telefónica con una llamada mileurista (:-)) a la Antártida. Mi mujer tiene un amigo de exploración por allá. Creo que un tal Scott o Alberto de Mónaco, no recuerdo ahora su nombre. Ella comenta en broma que en lugar de reportar en el recibo el tiempo que duró la llamada, escribieron la diferencia horaria.

Bueno, vale de cháchara por hoy. A modo de despedida les dejo mi frase del día.

"El amor es como las palabras agudas, hay que esperar hasta el final para que suba de tono"

(gracias negrín, tú eres mi prefe).



Plan de fin de semana


30 enero 2009

« 1 comentario»

Mi plan dependía de la decisión de don Gaspar, del gruñido que saldría de su boca minúscula, perdida entre los gruesos mofletes. Malgastas mi tiempo, decía su mirada, mezcla de desprecio e indiferencia.

-¿Cuándo puedes comenzar? -preguntó.

-Ahora mismo -respondí apretando los puños debajo de la mesa para celebrar el nuevo empleo.

-Toma un delantal -dijo y señaló una alacena repleta de útiles de limpieza-, José te indicará lo que debes hacer.

Cientos de platos sucios aguardaban en improvisadas pilas. Me alegré que fuera una labor conocida y simple. Pero me equivocaba, a los pocos minutos José me gritó que no podía pasar toda la noche acariciando una ensaladera, que la vajilla se duplicaría en breve y que los clientes no esperarían por mi. Tenía razón. Aumenté la velocidad de fregado, a riesgo de que alguna pieza quedara empañada, sin disminuir la ira del supervisor. A las dos horas desfallecía de hambre. Olvidé comer algo tras salir de la oficina porque nos libramos bien pasadas las cinco, ¡un viernes!, y temía no llegar a tiempo a la entrevista con don Gaspar. La vorágine de loza sucia aumentaba a medida que avanzaba la noche. Cuando escuché que los últimos clientes se marchaban, respiré aliviado. Y erré otra vez, las labores más duras comenzaron a esa hora: limpiar la cocina y el local, limpiar hasta la extenuación. Afortunadamente se trataba de un empleo temporal, de un fin de semana. Aunque en la oficina no gano mucho más que uno de los trabajadores del restaurante, no creo que soportara el rigor de esta ocupación. Al llegar a casa, me eché a dormir con la ropa puesta, sin ánimos ni fuerzas para desvestirme. Soñé con platos. Me desperté a las seis satisfecho por rebasar la primera jornada, y corrí de vuelta al curro.

Los empleados ya sabían del acuerdo a que había llegado con don Gaspar. Fingí no escuchar los comentarios a mis espaldas ni ver las miradas harto elocuentes posadas sobre mi. En verdad eran chicos agradables, que charlaban hasta por los codos aprovechando cualquier descuido de los responsables. Recuerdo que picaban de la comida lista para servir y luego se burlaban:

-Esos ricachones piensan que nosotros comemos de sus sobras -decían, para rematar entre carcajadas- si ellos supieran.

Reí mucho con sus ocurrencias, aunque bien comprendía las razones de su actitud picaresca: el miserable sueldo que ganábamos no permite pagar decenas de euros por alguna de aquellas delicatessen.

A la tarde de aquel agotador sábado se esfumaron los pensamientos positivos. Veía platos incluso con los ojos cerrados y me provocaban nauseas los restos de comida. Me mantenía en aquel sitio el empeño de llevar a cabo mi plan, que peligró en varias ocasiones, cuando los gritos de José auguraban que estaba a punto de perder la paciencia. Esa noche no pude pegar ojo. Al día siguiente sabría del éxito o fracaso de mi gestión.

La faena fue aún peor el domingo, pero la ilusión era entonces demasiado intensa como para notarlo. Claro, también confiaba en que no me despedirían el último día. Mi labor concluyó a las ocho de la noche, como pactamos. No me marché hasta que don Gaspar confirmó nuestro acuerdo inicial. Él se limitó a asentir con la cabeza, de mala gana.

Corrí a casa a ducharme. El agua abundante arrastró consigo la grasa acumulada en la piel y los sinsabores de las rudas labores. Estuve de vuelta al restaurante unos minutos antes de las diez. Magdalena llegó al cuarto de hora. Por un instante temí a la reacción de los mozos del local. Sin embargo, saludaron con afabilidad y respeto. Como a un cliente usual, pensé orgulloso, mirando de soslayo a Magdalena.



CARTELES PARA EL BUS


29 enero 2009

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ATEOS



PROBABLEMENTE NO PUEDAS DEJAR DE PREOCUPARTE AUNQUE DIOS EXISTA.

PROBABLEMENTE TÚ NO EXISTAS. DEJA DE PREOCUPARTE.

PROBABLEMENTE LA CRISIS NO EXISTE. DEJA DE PREOCUPARTE Y DISFRUTA DEL PARO.

PROBABLEMENTE EL BUS NO PASE. DEJA DE PREOCUPARTE Y VE ANDANDO.

PROBABLEMENTE EL ORGASMO NO EXISTE. DEJA DE PREOCUPARTE Y DISFRUTA DEL SEXO.


CREYENTES


SI CREES QUE DIOS EXISTE, ENVÍA UN SMS AL 1111.

DIOS SI EXISTE PERO VIAJA EN COCHE.

EL BUS SI EXISTE. DISFRUTA DEL VIAJE.

DEJA DE PREOCUPARTE, DIOS ELIGIÓ AL PUEBLO DE ISRAEL, Y MIRA TÚ...

DIOS SI EXISTE PERO NO HA SACADO EL CARNÉ DE CONDUCIR.

Imágenes gracias a Bus Slogan Generator



El armario (de La vida de las cosas)


24 enero 2009

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La mirada lasciva del armario pretende desnudar a la chica frente al espejo. Asecha el momento justo para abalanzarse sobre ella. El brillo de las lunas de cristal refleja una intensa premeditación. Impaciente, ensancha la abertura de sus cajones para acaparar todo el aire a su alrededor, y entorna las puertas por sorpresa intentando rozar la tersa piel de la moza. Su actitud rezuma una depravación innecesaria, porque el armario sabe que la joven se desvestirá con parsimonia frente al espejo, conoce de memoria su cuerpo desnudo. Cada noche espera con idénticas ansias. Sobreactúa su excitación como una forma de reafirmar la virilidad; costumbre que se impuso meses atrás, cuando convivía en el almacén con roperos y aparadores homosexuales, en su mayoría, que se burlaban constantemente de su despampanante heterosexualidad. Míralo, le decían, quién ha visto a un macho de verdad con esas puertas bruñidas y esas flores tatuadas en el pecho.

El timbre de la puerta se impuso sobre el silencio que dominaba la casa. ¿Quién será a estas horas?, se extrañó el armario. La chica cubrió su cuerpo ante el rostro abatido del mueble. Habían vivido solos durante los dos últimos meses, los más felices de su vida. A través de la puerta entreabierta del cuarto, el armario pudo descubrir que se trataba de un hombre joven, atlético, vestido con sobriedad. Alguna pena muy grande parecía esconder en el corazón. Tal vez sea una treta para colarse en su cama, desconfió el armario. Sus voces no llegaban a la habitación. Se abrazaron al cabo de media hora de intensa plática. El armario distinguió una lágrima sobre la mejilla del hombre. Los muchachos se levantaron de sus asientos y desaparecieron de su vista. El armario giró la puerta para intentar atrapar una imagen con el espejo derecho. De pronto aparecieron en el cuarto y casi le sorprenden despatarrado. Su corazón se sobrecogió por un instante al verlos entrar, para luego desinflarse desilusionado al escucharles: era gay, el joven era gay, y le contaba a la chica una historia de celos por un hombre que se interesaba por ella, ¡qué fastidio!, molestar a alguien que usualmente duerme a estas horas para contarle aquella sarta de estupideces, se lamentaba el armario, desconsolado al ver que ahora reían con la perorata del chico. Tres veces arrojó al suelo la chaqueta del recién llegado intentando mostrar lo inoportuno de su visita, pero el mozo no se daba por aludido. Ahora hablaba la joven con las piernas cruzadas sobre la cama, añadía los más fantásticos desenlaces a historias hipotéticas que inventaba sobre la marcha. Bajó la mirada sonriendo y al abrir los ojos nuevamente confesó su homosexualidad con desenfado, casi con desparpajo. El corazón de madera del armario se contrajo violentamente. No pudo evitar que la ropa saliera despedida de su estómago en un vómito espasmódico.

Nota: Este relato es parte de la serie La vida de las cosas, donde puedes encontrar las más variopintas propuestas, a degustar este sábado de juerga literaria.



Nuevo dominio: noticiastuneadas.com


23 enero 2009

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Los más observadores habrán notado que tenemos nuevo dominio en Noticias tuneadas. La nueva dirección es noticiastuneadas.com. Aunque usen las viejas coordenadas, noticiastuneadas.blogspot.com, o prefieran www.noticiastuneadas.com, el buenazo de Blogger los llevará a la dirección correcta. Este cambio tampoco debe afectar a la suscripción de feeds, porque el listillo de FeedBurner se encargará de guiarlos por el camino correcto. En el caso de tropezar con algún problema, por favor, informarlo a (mi) E-mail. Mil gracias y un abrazo.



Flores de Ikea


22 enero 2009

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Ayer compré en Ikea una docena de flores carnívoras, talla humana, para colocarlas frente a la puerta de entrada a mi piso, en sustitución del felpudo que desapareció misteriosamente el sábado pasado. Regresé a casa ilusionado con mi nueva adquisición y satisfecho por los perritos calientes a cincuenta céntimos que merendé en las instalaciones de la multinacional sueca. Pero, cosas de la vida, en el telediario de Antena 3 Matías Prats inició los titulares de la jornada con la noticia del arresto, ayer, de Josep Perep, rico comerciante catalán acusado de permitir que su jardín de flores carnívoras devorara la noche anterior a una banda de albano-kosovares que lo visitó de forma intempestiva. En la autopsia, practicada a las plantas, encontraron restos de varias empleadas domésticas que se hallaban en paradero desconocido, acusadas de hurtar joyas a la señora de la casa. La respetable dama no pudo ser interrogada por la policía, por encontrarse en la fase más delicada de la reconstrucción de su nuevo peinado. Asustado por la probable represalia de mis envidiosos vecinos, cuando descubrieran frente a la puerta ejemplares idénticos a los que mostró el informativo, decidí cocinar las flores e invitar a cenar a varios amigos. Para no generar suspicacias, porque los conozco, mentí piadosamente al presentar el delicado plato como una un guiso de quigombó venezolano. Acompañé el menú con vino de mesa de cincuenta céntimos el litro. Mis invitados quedaron encantados con la comida y me hicieron prometer que la repetiría a la primera oportunidad. Cuando se marcharon, ya muy tarde, quedé meditando sobre los bruscos giros que da la vida ante nuestros ojos y sobre lo barato que venden los de Ikea estas deliciosas flores, vamos, que salen a mitad del precio que tiene el kilo de lechuga.



El Quijote


21 enero 2009

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En casa podemos decir con orgullo que ya leímos el Quijote. Hoy celebré con mi esposa y los niños. Ahora quiero compartir nuestro entusiasmo con ustedes. Cuando tuvimos ante nosotros aquel volumen inmenso, pensamos que no lo lograríamos. Es cierto que los pequeños leyeron menos que mi señora y yo, pero ayudaron en capítulos difíciles, como el curioso discurso que hizo don Quijote de las armas y las letras, demasiado denso para mi gusto. Yo comencé la lectura, y tras el cuarto capítulo tuve que pedir a mi mujer que me relevara. Ella se fue al parque con el libro en su bolso y regresó con diez capítulos leídos y un espectacular par de zapatos. Luego nos sucedimos frente al texto, de acuerdo al ánimo y tiempo de cada uno. Tardamos once meces, pero valió la pena.



La espiral del progeso


20 enero 2009

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Hace unos 170 años, un grupo de avispados hacendados dedujeron que podrían ahorrar mucho dinero si evitaban pagar los elevados costes de alojamiento, alimentación, cuidados médicos elementales y vigilancia que debían prodigar a sus esclavos; costes encarecidos por los altos precios de la trata. Entonces idearon pagar a sus trabajadores un salario, cuyo monto era, por supuesto, muy inferior a lo que gastaban antes. A la cantidad de dinero sobrante le acuñaron el eufemístico nombre de libertad. Hoy en día es aún mejor negocio dar mil euros a un trabajador, a sabiendas que este dinero no cubrirá todas sus necesidades básicas, que gastar cuatro veces más en mantenerle vivo durante el mayor tiempo posible. Porque a diferencia de un esclavo, un trabajador puede ser reemplazado con facilidad. Y esas facilidades de recambio se hicieron imprescindibles con el tiempo. Hasta el punto que la trata de mano de obra fresca resurgió como una necesidad de la sociedad moderna. ¿Pero, cómo hacerlo de forma rentable?, se preguntaron los listos de turno. La solución fue tan simple como la anterior: que sean los futuros esclavos quienes se transporten por sus propios medios hasta el lugar donde son necesarios. Hoy observamos, consternados frente al televisor, a las pateras que desafían el océano y rogamos por que pisen tierra firme y puedan aunar hombros en nuestro desarrollo. A todos nos conviene que lleguen a salvo porque sobre nuestras cabezas se cierne el peligro de que se detenga la cosecha de tomates o la construcción de pisos y se nos esfume entre las manos el todopoderoso Producto Interno Bruto. ¿O acaso podemos oponernos a la inevitable espiral del progreso?



El Rastro


19 enero 2009

« 1 comentario»

Me acerqué al improvisado quiosco en busca de una cerveza fresca. Tenía la garganta seca y me atormentaba el bullicio del gentío a mi alrededor. Cinco años atrás hubiera pasado la mañana en el Rastro sin beber ni agua. Pero la sedentaria vida en las colas de la Seguridad Social han reblandecido mi cuerpo. Espanté la avalancha de pensamientos que suelen deambular por la mente para prestar atención a la conversación de los parroquianos agrupados junto a la barra del bar; atento a pistas comerciales que guiaran por buen camino mis inversiones. Para no llamar la atención usé de cobertura un periódico arrugado en una esquina del puesto. La mancha multicolor en su portada, lograda por la superposición espontánea de salsas de tonalidades diversas, como en la paleta de un pintor, trajo a mi recuerdo las travesuras matinales de mis hijos.

El avezado camarero se apresuró a cobrar antes que el primer trago de cerveza pasara por mi garganta. Al hurgar en el bolsillo de las monedas hallé las apuestas de la Primitiva del sábado, que había olvidado chequear cuando concluí el desayuno. Pagué al mozo y esperé el tiempo prudencial para que dejara de prestarme atención. Le ayudé desviando mi vista hacia el animado público. La gente regateaba poseída por el espíritu del mercado. Adoro el ambiente internacional del Rastro, donde moros, orientales, africanos, europeos falsos del este y verdaderos de occidente, de todas las etnias, se baten a viva voz para que sus pregones sobresalgan sobre la algarabía generalizada. Sonreí, al descubrir entre la muchedumbre actitudes similares a la mía. A pesar de los años de ausencia, había bastado un minuto de recorrido entre las improvisadas tarimas del mercadillo para desperezar mi olfato de corredor de bolsa. Miré de soslayo al camarero, que fregaba distraído unos vasos, y extraje del bolsillo el raído recibo que coloqué con discreción sobre la página de resultados de los sorteos de la lotería del día anterior. La primera cifra, un siete, coincidía con el número en mi boleta, la segunda coincidencia aceleró peligrosamente el ritmo de mi corazón, y la amplitud de los latidos aumentó con cada nuevo acierto. ¡Había ganado! La prudencia dificultó el conteo de los ceros del premio. Levanté la cabeza mostrando al mundo la cara de infelicidad que empleo durante mi jornada laboral, mientras imaginaba los saltos de alegría en la intimidad.

-¿Hubo suerte? -me interpeló el camarero, al que creía ajeno a mis asuntos.

-Nada, como siempre -mentí sin mirarle, para ganar tiempo.

El sobresalto ocasionado por la intempestiva pregunta me impidió ocultar la turbación. Temí por la suerte que podía correr entre un mar de gente capaz de todo por ahorrarse un euro. Los parroquianos habían dejado de hablar entre ellos y me miraban. Doblé con cuidad el periódico, lo dejé en su sitio y me dirigí a la salida, en busca de un lugar seguro. En mi huida noté que el Rastro se había extendido como una hiedra durante el pasado lustro. Numerosos conocidos aparecían ahora entre el público, como por arte de magia, algunos me mostraban emocionados sus compras, por fortuna otros intentaron pasar desapercibidos. Hasta los vendedores me resultaban familiares. Perdido entre la gente, en un pequeño claro de la selva de carpas, descubrí un modesto puesto de venta de esclavos. A pesar de la prisa, me detuve a contemplar cuanto se había deteriorado el comercio de hombres. En una tarima se amontonaban unos pobres desgraciados que no pudieron pagar su hipoteca al banco y algunos obreros de la construcción sin papeles. La presentación de la mercancía era realmente deplorable. Sentí pesar ante el naufragio de un negocio que antaño había sido tan próspero.

Sólo cuando finalmente estuve a salvo, caminando por una calle desierta, recordé a mi esposa, siempre atareada y nerviosa, pilar de nuestro familia y sostén de nuestro matrimonio. Su nítido recuerdo me empujó a un bar cercano. Cuando logré despertar, a la mañana siguiente, mi mujer y los niños ya se habían marchado. Esta vez para siempre, aseguraba la nota colgada en la puerta de la nevera vacía. ¿Qué habrá ocurrido?, me interrogué a profundidad sin encontrar respuesta. Un temor sacudió entonces mi cuerpo al recordar la boleta. Afortunadamente seguía intacta en el bolsillo. Mi vida merece una nueva oportunidad, pensé antes de salir a cobrar el premio.



Noticias tuneadas en Twitter (3)


18 enero 2009

« 4 comentarios»

Aquí está la lista de los titulares (ligeramente tuneados) que hemos enviados a Twitter durante las últimas semanas
  • Según Hacienda, soñar costará a partir de ahora.
  • Clásico incomprendido: Pasó toda su vida intentando escribir una buena entrada de blog. Sin embargo, se hizo célebre por sus comentarios.
  • Estudio revela que los frikis no tienen depredadores naturales en Internet. En un colegio público se hubieran extinguido en cuestión de días.
  • Detenidos miembros de una red que comercializaba calendarios falsificados en los bazares chinos. Los calendarios sólo contenían lunes.
  • Científicos alemanes demuestran que el crimen organizado es en realidad muy desorganizado.
  • Rescatan a navegante francés que pasó dos semanas a la deriva en Internet.
  • Paradoja matemática: un miserable trabajador multiplicado por cero sigue siendo un miserable trabajador.
  • Real Madrid: cursos intensivos de castellano para resolver la crisis.
  • Descubren el gen que nos hace rechazar las líneas de comando.
  • California permitirá el matrimonio con un ordenador, siempre que los cónyuges demuestren que su software es libre.
  • Líderes mundiales se reúnen hoy en Washington para intentar descubrir el punto G de la sociedad capitalista.
  • El primer usuario de Twitter actualizó durante seis días, al cabo del séptimo día, descansó.
  • Sexólogos franceses descubren el punto G de ZP.
  • Consideran en el Vaticano exorcizar a la COPE. Sería el primer exorcismo a una emisora radial y el quinto a Jiménez Losantos.
  • Gestión del gobierno: el número de gafotas en las universidades españolas muy por debajo de la media europea.
  • Crisis: millones de ciudadanos solicitan la apostasía a Hacienda.

Los invito a seguir mi cuenta en Twitter (Serio Y. Pérez) o, si lo prefieren, agregarla a su lector de feeds.

Les dejo el link a las entradas anteriores:
Noticias tuneadas en Twitter (2).
Noticias tuneadas en Twitter.

Las última noticias en Twitter también se actualizan en la barra lateral derecha.



El vecino de los altos


14 enero 2009

« 8 comentarios»

En el ascensor coincidí con el antipático vecino de los altos. A los pocos días de su llegada, sin conocernos apenas, acusó a mis hijos de violar las leyes gravitatorias. Se atrevió a asegurar en público que los envoltorios de caramelos, lanzados por los niños a través de la ventana de la cocina, lograron elevarse hasta su piso. Pudimos perdonarle, pero se obcecó en sus quejas, a pesar del varapalo que le propinamos en el consejo de vecinos, cuando refrendamos por mayoría casi todas las leyes de la física, excepto las relacionadas con agujeros negros, que nunca han estado permitidas en la comunidad.

Me acomodé en el fondo del ascensor para contemplar a mis anchas al advenedizo. Debía admitir que el sombrero jipijapa de segunda mano, la chaqueta de pana, el pantalón de corte impecable y los lustrosos zapatos a dos tonos se avenían a su personalidad. Quizá mi aspecto desaliñado le otorgaba ventaja en la comparación. Durante los últimos años he desatendido la selección minuciosa de mis proveedores. Me acomodé a escoger la ropa en los centros de beneficencia del barrio, cercanos a la casa y con horarios acordes a la dinámica de mi profesión como numerario en las coloridas colas de la Seguridad Social. Ahora que finalmente he logrado tomar mi merecida parte de las arcas públicas, puedo permitirme un aspecto a la altura de mi nuevo status social. La elegancia algo afectada del vecino daba pistas suficientes sobre el origen de su indumentaria: El Rastro.



Desayuno en familia


12 enero 2009

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Como cada domingo, mis pequeños disputaban por el cuchillo de la mantequilla. Sin interrumpir la lectura del diario que me servía de mampara, enumeré varias técnicas alternativas para untar una tostada. Los chicos respondieron agradecidos con una porción de mermelada de frambuesa, que impactó contra la cara posterior del periódico, formando una aureola sobre la cabeza de Cristiano Ronaldo. No pude evitar una sonrisa truncada por mi instinto de educador nato. Me aseguré que el rostro recobrara la severidad propia de un padre de familia, mientras bajaba las páginas que me protegían contra un nuevo misil. Afortunadamente, los niños se marcharon temerosos de una reprimenda. Clara señal de que el desayuno dominical había concluido.

Pedí la cuenta y mi mujer apareció solícita con el recibo sobre un pequeño plato de metal. Los precios estaban notablemente inflados respecto a la semana anterior y el monto total había sido calculado para que me fuera imposible pagar la cantidad exacta. Durante algún momento de descuido ella había investigado los tipos de billetes que portaba en mi cartera. Otra vez, pensé. Miré de soslayo al reloj del salón y calculé que una discusión conyugal podría consumir el resto de la mañana. Así que preferí pagar mi parte y abonar generosamente los gastos de nuestros hijos, para evitar las consabidas controversias sobre a quién correspondía ese día hacerse cargo de la manutención. Deposité treinta euros en el platillo y me marché a mi paseo sin esperar la vuelta, que nuca llegaría.


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